Siempre me había negado a las invitaciones para ir al gimnasio, pensaba que era algo molesto y hasta vergonzoso, no quería vestir ropa apretada que dejara ver mis michelines y menos delante a mis amigas. Pero, un día fue tal su insistencia que me atreví a acompañarlas, ese día cambió mi opinión.

Antes no tenía ninguna disposición a acercarme a un servicio especializado de entrenamiento y me estaba negando la posibilidad de divertirme, porque muchas veces hay que escuchar a esas amigas que te dicen las cosas por bien. Menos mal que ese día las escuché y me uní a ese grupo para sentirme mejor.

Ahora, aparto mi tiempo para asistir a hacer mis rutinas de ejercicio que no son tan complejas, pero que en tiempo record me han demostrado que con trabajo y constancia voy a llegar a la meta de perder peso. En confianza, les digo que eso no es lo más importante en este momento, lo que me importa es que me divierto mucho en esa actividad.

Les doy un dato que me ha servido para continuar yendo al me anoto a hacer ejercicios muy agotadores, solo los que se adaptan a mi ritmo lento de entrenamiento, porque entendí que mi caso es particular y así se lo expresé a mi entrenador quien me dio la razón y deja que vaya a mi compás.

Les cuento que me anime a ir al médico, quien hizo un diagnóstico general de mi estado de salud, ahora conozco mi condición física y nutricional. Un cambio que me ha funcionado es que ahora adapto mis horarios a mi bienestar y a mis horas de comida. De igual forma, hice un sencillo plan para medir mis avances en la comida y el peso.

Les comento que no me quejo, porque después de empezar a ir a hacer ejercicios de forma regular ha mejorado mi peso y acepto que mi contextura es propia de mis características personales, por lo que solo me preocupo de mantener más alto el nivel de masa muscular que el de grasa y me siento de maravilla.