Beyoncé llegó, se lució y cautivó a todo el público que pudo ver en directo a través de la televisión su actuación en la Super Bowl. Youtube La NFL con reclamaciones de infracción de copyright a Youtube lo está poniendo difícil que tú también puedas verla, si no la has visto ya.

Beyoncé repartió besos, bailó, se quitó ropa como todo cambio de vestuario, usó las pantallas que repiten su imagen hasta el infinito, bailó con dos dobles para que pareció salían de las pantallas, se reunió con sus amiguitas ex-compañeras de cuando formaban el trio Destiny’s Child, pero las dejó en mal lugar al no tener éstas ni su tipazo ni su voz.

Tengo un problema con Beyoncé, la Lola Flores negra, “el Rey” del Pop como ha dicho alguno, al no haber ninguna figura masculina en el R&B que pueda hacerle sombra. Y es que es tremendamente egocéntrica, más que Madonna, que ya es decir. Pero como Madonna necesita enmascarar sus debilidades con los mejores bailarines, puestas en escena y músicos, pasa más desapercibido.

Beyoncé no. Beyoncé se monta un escenario que resulta ser la figura que rellena dos perfiles de su rostro, canta bien, y lo sabe, baila mejor, y lo sabe también, se tapa ese culo de negra bien hermoso para que le quede bien, se pone toda la queratina existente en el mundo para lucir pelazo a lo raza blanca, y no es capaz de salir con su rizo natural que su raza le ha dado, y que se supone defiende.

La actuación fue para hacerle la ola. Pero va y anuncia una gira mundial, que empieza en Europa y se olvida de venir a España. Beyoncé, que te den.