Una amiga tiene un local pequeño que un día decidió alquilar con algo de recelo, porque pensaba en que los inquilinos podrían deteriorar sus instalaciones y hacer que su inversión se depreciara, pero necesitaba reunir algún dinero por lo que decidió arrendarlo, hizo un gran aviso para que la gente se enterara de su oferta.

Recibió muchas llamadas y con algunas personas concertó citas, pero no se sentía confiada en quienes habían solicitado el local en alquiler, sobre todo porque no le gustaba el tipo de negocio que querían establecer. Unos interesados querían montar una tienda de decoraciones le pareció algo frívolo y otros quería montar una taberna, lo que ni pensó.

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