Siempre me había negado a las invitaciones para ir al gimnasio, pensaba que era algo molesto y hasta vergonzoso, no quería vestir ropa apretada que dejara ver mis michelines y menos delante a mis amigas. Pero, un día fue tal su insistencia que me atreví a acompañarlas, ese día cambió mi opinión.

Antes no tenía ninguna disposición a acercarme a un servicio especializado de entrenamiento y me estaba negando la posibilidad de divertirme, porque muchas veces hay que escuchar a esas amigas que te dicen las cosas por bien. Menos mal que ese día las escuché y me uní a ese grupo para sentirme mejor.

Leer más